miércoles, 11 de marzo de 2015

Cristina Castello, sustantivo desnudo, verbo puro - Diario Uno

Entrevista a Cristina Castello, la mujer de mirada profunda
por Claudia Sosa Lichtenwald
(Diario Uno, Paraná)


Sin máscara escribe y habla Cristina Castello, La mujer que amalgama periodismo y poesía (arde en ellos) comunica adentros y afueras en francés, italiano, alemán, inglés, español y portugués desde su página web: la agosta simiente de la buena palabra bien dicha y sin excesos.
En ella viven (y conviven) la poesía, la vida y el compromiso. En los años de la dictadura setentista la marcó el olor a cárcel. “...Aquel olor a cárcel. Aquel olor. Aquel. Me llegaba al hueso del alma. Dios. Calaba en mí cuando visitaba a los pobrecitos clausurados por asesinos represores, para vida, justicia y libertad. No me importaba de qué partido político eran o no. Nunca milité. Salvo por la vida y siempre sola...”, dice Cristina. Y quien milita en la vida es la hija de Esteban El Pollo Castello y de Rosita La Chiquita  Batmalle, y la hermana de Marta; es la niña que -habitada- por la poesía y la palabra-, empezó a escribir a los 4 años. (CSL)



¿Qué diferencia encuentra entre "trabajar" como periodista y "ser" poeta?

La misma que entre “hacer” y “ser”. Yo trabajo como periodista, pero soy contrabandista. De poesía. Ya dijo mi Paul Eluard que poeta es más quien inspira que quien está inspirado. Y de eso se trata, porque la poesía es una visión del universo y una manera de descubrirlo con ojos de niño. Es belleza estética que nos penetra, sí. Pero es también una ética, por la cual los rostros de las personas no son sólo ojos, nariz y boca. Son mapas de geografías interiores que develan plenitudes, abismos e historias. La poesía es eternidad. Es un estallido en silencio.

Su condición dionisíaca para sentir y su elección apolínea en el estilo, ¿hablan de la paradójica condición humana?

¡Ah, los humanos! Durante años y más años, no entendí la capacidad del hombre para producir horror. La crueldad, la mentira, la tortura... Y sigo sin comprender, pero ahora sé que “eso” también es la condición humana. En cuanto a mí, sí... soy dionisíaca para sentir. Gozo y padezco de intensidad. Soy esclava de la belleza y mi propia esclava, en el amor a mis demás y en mi ansia de luz. Vos sabés... la indiferencia es muerte y yo amo la vida. Pero la vida de todos. Entonces me involucro hasta el hueso del alma, y vivo en implosión, y estallo para adentro, y agonizo y renazco muchas veces en un día. Y es cierto que soy apolínea en el estilo, pero, en ese mar aparentemente calmo de mi lenguaje en televisión o de mi palabra escrita, hay una tensión espiritual que se respira. 

La entrevista periodística tiene sus secretos. ¿Meterse dentro del entrevistado se aprende haciendo y sintiendo?

A ver... ¿cómo contestarte breve? Digamos que una entrevista es "mostrar la multitud y cada hombre en detalle, con eso que lo anima y que lo desespera; bajo su vida de hombre, todo lo que él alumbra, su esperanza y su sangre, su historia y su dolor". ¿Te das cuenta?, hice tres mil entrevistas, tengo un libro casi terminado sobre sus técnicas y secretos, y fui docente de esta materia, pero te respondí con palabras de Paul Eluard. Y ahora las mías se unen a las suyas. Hacer una entrevista es tirar semillas para que alumbre la verdad. Y con semillas podemos cambiar el mundo. Todavía.

¿Qué significan los viajes para usted?

Significan ser un fisgón de crepúsculos y auroras, de vidas y de sueños de otros seres. Yo soy nómada y sedentaria a la vez. Por nómada, las personas a quienes amo, el arte y los cielos de otros países son mi patria sin geografía. Por sedentaria, puedo parecer casi autista, porque necesito estar conmigo y en mí, en mi casa, sola y en silencio. Encontrarme. Pero hay dos lugares donde se me expande el alma. París y el mar. Es un misterio.

¿Quién guió la elección de la “savia” –como se llama una sección de su web- alimentada por Paul Eluard, Baudelaire, Borges, Vilariño, Whitman, Lennon, Monet, Pessoa, Pizarnik, Vallejo o Rimbaud, entre otros?

Mi propia sed. Y Eluard y Desnos; y Redon y Carrière; y Eduardo Bendersky y Juarroz; y Pizarnik y Gustave Moreau. Y la Chiquita Castello: ella me sembró la poesía, ella me labró la sed. Era mi mamá, ahora en Azul, nos mira. Poesía bendita, bendita sed.

¿De dónde emana esa sed perpetua? ¿Serán las piedras y la brisa cordobesas de sus años adolescentes, las musas de tanta curiosidad acumulada?

No sé... no sé tanto. Sé que la sed es la respiración de mi alma. Es la pasión del absoluto, que viene acompañada por el vértigo del absoluto, según “mi también mi” Louis Aragon. Es aquello de Pedro Salinas de... “quiero sacar de ti tu mejor tú / ese que no te viste y yo te veo....” Sólo sé que la sed, que abraza y abrasa valores, poesía y vida, es mi material de resistencia espiritual. 

  ¿Cómo aprendió a escuchar el silencio?
No aprendí, talentosa y sensible Claudia, pero lo escucho por instantes que son soplos de eternidad. En los otros, lo intento, y en ese anhelo está toda mi vida. “¿Qué es una hoja de papel?”, dice una poesía rusa. “Es algo que no puedes dar vuelta hasta que no saques la última línea de ti mismo”. De eso se trata. Mirá, para escribir prefiero verbos y sustantivos, y abomino de adjetivos y artículos. Y eso quiero para mí: ser sustantivo desnudo, verbo puro. No es fácil, pero es un camino a construir, de despojamiento e interioridad. Ojalá me dé el alma. Y el arte, que modifica la vida, siga abrazándome.

¿Por quién doblan las campanas?

Hoy en el mundo doblan las campanas por tanta muerte, tanto dolor y tanta locura asesina. Pero un día entonarán un canto a la plenitud humana. Entonces, como digo en mi poema “Semillas”, la Oda a la Alegría de Schiller, la Novena de Beethoven, serán el himno de todos los justos de la tierra.

«¿Qué siembra hacemos en el corazón del hombre?», se pregunta usted en su web. ¿Cuál es la suya?

Trato de sembrar bondad y transparencia, porque amo los cristales. Pero para mi siembra, primero trabajo conmigo y trato de ser cada día mejor persona. Sin embargo, no soy yo la indicada para hablar de esto.

¿Qué es el compromiso?

La única manera de vivir; no conozco otra. Comprometerse es amar.

¿Los poetas son inocentes escritores de inocencias?
La inocencia, concepto tan maltratado, es una de mis palabras y uno de mis desafíos, aunque en relación con los artistas hay más preguntas que respuestas. ¿Fue inocente Ezra Pound, acusado de fascista? ¿Fue inocente Borges cuando, en plena dictadura criminal, dijo que nos hacían falta cien años más de «gobierno» militar? Los ejemplos abundan y no puedo generalizar. Los «míos», Paul Eluard, Miguel Hernández, Robert Desnos, Louis Aragon, Celan, Whitman..., y siguen las firmas, no fueron ingenuos, pero sí inocentes, y escribieron la inocencia. Escribieron su sed por un mundo de libertades, siempre ellos verticales ante todos los inviernos y siempre con sus ojos al Azul.

¿Qué son las máscaras?


La mentira, el Poder, el exitismo, la necesidad de ser «ganador», la vanidad. Y hay mucho más.

¿Qué da a la poesía: alas para volar, ecos para hacerse oír y claroscuros para mirar?

  Escribir es dar voz al silencio
Entrevista realizada por Claudia Sosa Lichtenwald en Diario UNO
Foto: Denis Garnier
Argentina, Entre Ríos, domingo 18 de enero de 2004