domingo, 1 de marzo de 2015

Cristina Castello & André Chenet, Bajo el signo de la poesía

Publicado en Paris. Muchos textos, videos, etc. en mi blog en francés AQUÍ 


 Bajo el signo de la poesía
Cristina Castello y André Chenet
presentan sus últimos poemarios
en la Maison de l'Amérique latine de París
08/10/2012

En la  Maison de l'Amérique Latine de París: Cristina Castello y André Chenet
en ocasión de la aparición simultánea de sus últimos poemarios,
doblados en sendos CD-audio con la voz de los dos poetas:
« Le chant des sirènes/El canto de las sirenas » de Cristina Castello
y
« Secret poème » de André Chenet
 
Texto (extracto, traducción): Claudio Darras, escritor, crítico de arte y de literatura
Lectura de los respectivos poemarios y diálogo de la poeta y escritora Nicole Barrière, con los dos poetas
Presentación por André Chenet, de  «Dans les maquis de la poésie » — el último número de la revista La Voix des Autres ?, cuyo cuaderno central (18 págs.) está dedicado a Angye Gaona , poeta colombiana, que vive en libertad condicional en su propio país.
Cristina CASTELLO- « Le chant des sirènes/El canto de las sirenas »
Francés-castellano
ISBN: 978-2-84954-116-6
*André CHENET « Secret Poème »
ISBN : 978-2-84954-117-3
Éditions « Chemins de Plume » (Nice)
Collección « Un poète, Une voix »

sábado, 15 de marzo de 2014

Carlos Bilardo o la lucha X ser el mejor, por Cristina Castello

Bilardo:  «Estoy desnudo, como nunca»

Por Cristina Castello
(Entrevista del 17/03/96)
 
Empieza a ser todo él, cuando alguna pregunta se le filtra por una de esas grietas donde tiene—escondidos celosamente— el amor y la alegría, la ilusión y la piedad. Entonces se saca el casete que suele ponerse en las entrevistas y se entrega a nuestra charla, confiado. Como si hubiera un acuerdo tácito de buena fe, entre él y yo. Y de hecho, lo hay. Sólo que para cumplirlo y que el diálogo pueda continuar, hay que seguirle el tren: empezar en Buenos Aires, continuar en San Martín de los Andes, después en Bariloche y de nuevo en Buenos Aires. Hay que ser su sombra. Pero el hombre tiene palabra y en todas las geografías, contesta -dócil- a las preguntas. Le gusta hablar de sí mismo. Y cuando lo hace, surge que —de tanto "hacer"— se olvidó de vivir, y que tiene dos obsesiones: el orden y el fútbol… aunque durante la charla, también se repite el tema de la muerte   
—¿Ganar o morir?
—Ganar, ganar, ese es mi placer,  por el cual estoy agradecido. Usted sabe… Dios podría decirme "basta"; y entonces, la cosa sería: mortaja-brazos en cruz-cajón-qué bueno era-y chau... ¿usted me entiende, no?  

—¿Quiere ser el mejor?
 —Sí, no me conformo con otra cosa, (muy formal) a pesar de que ya tengo pantalones largos. Digo...porque empecé a sentirme grande la primera vez que los usé: a los quince, para ir al billar del "Gasómetro". Fue todo un acontecimiento y sin embargo, cuando volví a mi casa me puse de nuevo los cortos. 

—¿Y de su niñez conserva algo más?
—Sí, sigo tan  ordenado como entonces. A ver... (mira alrededor hasta que encuentra una basura, pequeñísima)...¿ve eso que está tirado ahí?: ¡no lo soporto! Por eso en mi casa escribo papelitos así chiquitos  (abre los dedos, un centímetro) con cosas como: "son las 17 horas". Entonces después llamo a mi señora, a la nena y a la chica, y les digo: "¿ven eso? hace una hora que  está en el suelo y nadie lo levanta".

—¿Lo que más detesta es el desorden?
—No, lo peor para mí es comer hígado y, peor todavía es  la ingratitud; me gusta la gente normal: la que respeta la amistad, la seriedad, la disciplina y los semáforos. En una palabra, la que no hace daño a los demás.

—¿Dañó a su hija con sus ausencias?
- Sí, porque durante los ocho años que estuve en la Selección, casi no la vi; ni al colegio fui, cuando le dieron el título. Y de golpe me encontré con que ella tenía veinte años, cuando para mí seguía siendo de doce. ¿Se da cuenta?...Yo tenía la foto de una nenita y Daniela ya era una mujer: me había quedado detenido en el tiempo.

—¿Tanto dejó para ser el mejor?
- Sí, para ser el mejor en el fútbol dejé todo, hasta la lectura: de adolescente sólo leía el "Martín Fierro" y "El alma que canta"; y un día  en un  avión que me llevaba a Japón, escuché a Julio Iglesias en "Me olvidé de vivir" y... sentí que se me había pasado la vida.

—¿Ahí cambió?
—No, porque yo no puedo vivir sin el fútbol. ¿Ve esta pelota? (hace como si  sostuviera una con los dedos: se ilumina) es tan chiquita...y sin embargo mueve más que la música. Porque gracias a ella, miles de millones de personas en todo el mundo ven -en el mismo momento- un campeonato. ¿Entiende por qué mi vida es fútbol y solamente fútbol?

—¿Y de su niñez conserva algo más?
—Sí, sigo tan  ordenado como entonces. A ver... (mira alrededor hasta que encuentra una basura, pequeñísima)...¿ve eso que está tirado ahí?: ¡no lo soporto! Por eso en mi casa escribo papelitos así chiquitos  (abre los dedos, un centímetro) con cosas como: "son las 17 horas". Entonces después llamo a mi señora, a la nena y a la chica, y les digo: "¿ven eso? hace una hora que  está en el suelo y nadie lo levanta".

—¿Lo que más detesta es el desorden?
—No, lo peor para mí es comer hígado y, peor todavía es  la ingratitud; me gusta la gente normal: la que respeta la amistad, la seriedad, la disciplina y los semáforos. En una palabra, la que no hace daño a los demás.

—¿Dañó a su hija con sus ausencias?
- Sí, porque durante los ocho años que estuve en la Selección, casi no la vi; ni al colegio fui, cuando le dieron el título. Y de golpe me encontré con que ella tenía veinte años, cuando para mí seguía siendo de doce. ¿Se da cuenta?...Yo tenía la foto de una nenita y Daniela ya era una mujer: me había quedado detenido en el tiempo.

—¿Tanto dejó para ser el mejor?
- Sí, para ser el mejor en el fútbol dejé todo, hasta la lectura: de adolescente sólo leía el "Martín Fierro" y "El alma que canta"; y un día  en un  avión que me llevaba a Japón, escuché a Julio Iglesias en "Me olvidé de vivir" y... sentí que se me había pasado la vida.

—¿Ahí cambió?
—No, porque yo no puedo vivir sin el fútbol. ¿Ve esta pelota? (hace como si  sostuviera una con los dedos: se ilumina) es tan chiquita...y sin embargo mueve más que la música. Porque gracias a ella, miles de millones de personas en todo el mundo ven -en el mismo momento- un campeonato. ¿Entiende por qué mi vida es fútbol y solamente fútbol?

—¿Tiene sueños?
—No tengo sueños: tengo objetivos. Y mi objetivo hoy, es Boca campeón.

—¿Más que un amor, el fútbol es su obsesión?
—Es mi amor, mi pasión, mi obsesión... ¡todo! Y hasta se mete en mi vida personal, porque me casé cuando el fútbol me lo permitió. Yo estaba en Estudiantes y (el entonces director técnico Osvaldo) Zubeldía  había dado tres días a los que quisieran casarse. Entonces -por eso- (se entusiasma)  yo llamé a la chica que salía conmigo desde hacía dos años y le dije que nos casábamos... ¡al día siguiente!

—¡No le dio tiempo ni para el vestido!
—Sí, porque su mamá es modista y se lo hizo. Pero el día de la boda me arrepentí y le dije a Gloria que lo dejáramos para el año siguiente: es que casarme era un lío, porque se me venía el campeonato encima. Entonces estábamos en la puerta del Civil y yo no quería, no quería... y ahí nomás se armó una discusión. (Como si contara una comedia de enredos) ¿Usted sabe? Éramos como diez los que discutíamos, ahí... ¡en la calle!: los testigos, la familia, la madre, todos: "que sí-"que no".

—Y fue que sí...
—Y sí, porque salió la jueza y dijo: "muchachos: o se casan o me voy". Entonces (los jugadores) Manera y Poletti me empujaron: "dale, Carlos, dejate de joder"; y  yo contesté: "Y bueno, está bien, metele". Y le metí, e hicimos todo junto: a las dos de la tarde el Civil y a las cuatro la Iglesia, para poder llegar a las ocho a  fiesta en el City (muerto de risa)...¡y pim, pum, pam, todo de un saque!
Su admirado Dr. René Favaloro

—¿Era una boda o una maratón?
—Y... yo quería una familia. Pero  necesitaba ir rápido a la luna de miel -fue en Mar del Plata, tres días- (con pasión) para volver... ¡a entrenar!

—¿Siempre se auto exigió tanto?
—Sí, porque mi mamá quería que yo fuera un ejemplo. Y yo quería y quiero ser el mejor.

¿Competencia, complejo... qué?
—No, no sé... es que hay que ser el mejor.

—¿Era linda su mamá?
—Era una mujer imponente... ¡y  me pegaba tanto! Me encerraba y me daba la vieja, (sin dolor ni reproches) cómo me mataba. ¿Usted sabe?... Me hacía estudiar en Navidad y en Año Nuevo y una vez que le saqué cinco centavos para un chocolatín,  me dio una paliza infernal. Es que mi viejo nos daba el ejemplo de conducta: empezó como peón y, con trabajo, hizo la fábrica.

—Fue un niño golpeado, ¿se rebeló?
—No, porque la vieja hizo -también-"lo más": me empujó a que estudiara y me llevó de la mano a San Lorenzo, a mis cinco años. Entonces, aunque me daba tanto...¡las marcas que me dejaba!, yo me callaba porque la amaba (trata de no demostrarlo pero aquellas palizas todavía lo impresionan).

—¿Y usted también castigó a su hija?
—No, una sola vez le pegué y sentí que le había hecho daño y que no era correcto actuar así. Pero es que cambiaron los tiempos y ahora está la psicología y todo eso.

—Ajá, ¿usted se analizó?
—No, mi mejor psicólogo es ir a un entierro porque digo: "¡pucha, eso sí que no tiene solución!"; o también pensar en los jóvenes que murieron en Malvinas: el día que me enteré, en Venezuela, ese día (disimula la emoción)... lloré (alguien de su equipo lo llama) No...no puedo ahora, estoy con la periodista de "Viva" (se ríe, quiere recomponerse)... Cristina Castello es mi stopper (el que marca hombre a hombre, en la cancha) y estamos haciendo una telenovela.

—No es una telenovela, es su vida, ¿es grave llorar?
No, pero...¡me da vergüenza!

—¿Qué otra cosa le da vergüenza?
—(Está coloradísimo) Ir al programa de Tinelli: me invitó pero...¡no puedo, no me sale! Porque  yo me divierto y bailo salsa pero...


—¿Y también "Cachete, pechito y ombligo", como bailó con los muchachos de Boca?
—Sí, sí (radiante) y toco el saxo, canto y me despeino, pero...en la familia o con el equipo. Digo...soy así cuando estoy con los míos,  pero cuando lloro me encierro solo y ni ellos se enteran.

 —¿Lloró cuando perdió la licitación del Parque Jorge Newbery, para hacer el "Centro de Iniciación Deportiva"?
—Ah...(con mucho dolor) esa fue la peor injusticia: se la dieron a unos tipos que vendían pan y chorizos. Fue la peor frustración de mi vida, tanto que todavía no puedo superarla.

No me contestó, ¿lloró?
—Sí, subí llorando al avión que me llevaba a Sevilla. Lloraba de impotencia y porque no quería irme, pero nadie me vio una lágrima, ¿eh? Y eso que aquello me dolió mucho más que los golpes de  mi vieja (necesita seguir con el tema)… ¿usted sabe?... por un insulto mío, a los seis años,  mi mamá  (todavía asombrado) me pinchó la lengua con una aguja. ¡Toda la lengua, al milímetro!

—¿Y usted tomó ese ejemplo para “pinchar” a sus rivales, en el equipo de los "pincharratas"?
—No...¿cómo va a “pinchar” uno a un jugador? (muerto de risa la contiene, serio). No, no a eso lo inventaron...¡es cosa de mamados!

—¿Por qué? También es médico y de agujitas conoce...
—No, no, pare un poco: yo no estudié para  “pinchar” jugadores. ¡Si era un esfuerzo bárbaro!: estudiaba desde las diez de la noche hasta que tocaba el pito de la fábrica Fontanares, anunciando  las seis de la mañana; y entonces me daba una ducha y me iba a jugar San Lorenzo.  Y era  sacrificado pero yo tenía el ejemplo de mi amigo -del doctor Juan Gandulla- y me parecía que terminar la carrera valía la pena.

—¿Por qué?
—Porque la medicina tiene relación con la vida y  porque me gusta ver nacer, (se apasiona...¿dónde está el  "Bilardo sólo fútbol"?). Y me gusta la primavera,  y me gusta ver crecer la vida, y plantar árboles, y ver abrirse las flores y, bueno...

—¿Y qué más?
- Bueno… y me gusta ver a las mujeres embarazadas. Vea...si usted me pone diez ahí, yo digo que la más linda es la que espera el hijo. Y también me gusta ver los museos cuando voy a Europa...claro que paso corriendo: un cuadro de Goya, unos segundos; uno de  Velázquez, otros segundos y el Coliseo, un minuto. Pero hago que los muchachos compren la guía de cada lugar, para que sepan por lo menos lo mínimo.

—¿Ninguna obra de arte lo conmueve por más de unos segundos?
 —Sí, sí...cuando veo "La Piedad" o "El David”...vea: ahí se me pone la piel de gallina y me quedo frío... ¿cómo un tipo pudo hacer algo así?

—¿Me permite, doctor? Usted es un "tapado"...
- (Se siente descubierto) ¿Por qué lo dice?

—Se pretende ajeno a la emoción y al afecto, pero los siente...
(Acepta pero sólo con la cabeza) Mire, yo siento amor por los jugadores, por mi señora y por mi hija: Daniela me domina. Pero (durito) no grito un gol ni guardo medallas, porque me  importan la voluntad y el esfuerzo, no el festejo.

—¿Qué lo enamoró de Gloria?
—Prefiero  decirle qué me gusta ahora; que  es fuerte, que siempre sabe qué bocado meter, que me apoya e influye en todo y que decide en mi vida. Y aunque yo nunca la abrazo en público, ni la llevo de la mano...¡y jamás la beso delante de otros!, sabe que la re-quiero y que la re-extraño: cuando estoy afuera la llamo todos los días.

—¡Mire que haberla conocido en un velorio! ¿no?
—Sí, sí (resta importancia a aquello) y era linda pero no le di mucha bolilla, porque a mí sólo me importaba jugar en Primera.

—Pero algo lo enamoró, ¿por qué no lo dice?
Porque no me acuerdo.

—Qué tenía ella de distinto de las demás?
(Escarba en sus recuerdos) Es que no hubo "las demás", porque yo era puro fútbol. Y de Gloria, no sé...¿qué me habrá gustado? Y...era linda pero me parece que me impresionó  porque siempre ayudaba a todos.

—Lo enamoró un “valor”, su costado solidario, ¿también por solidaridad internó a jugadores operados en su casa y viajó muchos kilómetros, por la operación de un amigo?
(Le da pudor) No sé, no me haga contar esas cosas… Me gusta  auxiliar pero cuando sé que un enfermo está bien, me voy...no estoy para la fiesta.

—¿Es un bombero que apaga el incendio y se va?
—Eso me pasa, soy como un bombero: corro, soluciono, apoyo en el dolor y… chau, chau.

—A lo mejor —más que compartir el dolor— la gran prueba es poder disfrutar de la dicha del otro, ¿no?
—Sí, sí, ¡eso! Yo disfruto cuando la gente está bien: me gustan los casamientos, los nacimientos y los cumpleaños de quince. Y también me gusta enseñar a los jugadores que lo normal, no es que a uno lo lleven en charter, porque ese circo se termina;  a eso lo aprendí de Zubeldía.

—¿El fue su maestro también en la vida?
—Sí, de la vida también. Porque nos llevó dos veces a Constitución a ver qué mal viajaban los pobres tipos que venían de Quilmes o de Berazategui: corrían y  se atropellaban. Entonces nos dijo: "ellos sí que trabajan, no nosotros, porque nos divertimos y podemos progresar". Y ahí aprendí a ver el dolor de los demás.

—¿Y si es así, por qué no lo cuenta nunca y se muestra cerrado o neurótico?
—Porque soy tímido. Y al equipo no le hablo de mí...por ejemplo, nunca le conté que dejé la medicina porque ella y el fútbol eran dos pasiones muy fuertes y no podían convivir.

—¿Habla de sexo con los jugadores para ayudarlos como personas, o para que rindan más en la cancha?

—Les digo todo lo que sé, porque los quiero y porque hay muchos chicos que no saben nada. Por ejemplo había uno que no lo decía pero estaba muy mal y entonces lo hablé; era porque la señora no podía tener hijos y cada vez que le llegaba la menstruación era un drama. Entonces los hice ver por especialistas y después —cuando ella estaba ovulando— no le dije a nadie, pero le di permiso para que se fuera a "buscar el bebé". ¡Y ahí tuvieron el hijo! Fue un caso similar al de  un  jugador colombiano: el hijo se llama Carlos, por mí...¿qué más puedo pedir?

—¿Por qué hace esas cosas?
—Porque a algunos jugadores, me gusta mimarlos.

—¿También a Maradona?
—Sí, pero vea, es que… que a mí me hubiera gustado que Diego fuera mi hijo; porque es muy derecho, porque no le debe nada a nadie y porque vive adelantado diez años.

—¿Por qué no tuvo más hijos propios?
—Porque tuvimos a Daniela y después -aunque no nos cuidamos- Dios no nos mandó más. Pero...¡todo bien! ¿eh?, porque la nena es lo que más quiero y además me salió como yo la quise criar. Porque por suerte sabe manejarse en un mundo terrible como este, de cheques sin fondo y de falta de palabra; yo la hice fuerte.

—No le habrá sido fácil educarla, usted vivió un mundo de hombres...
—-Es verdad...y cuando era chico yo tenía dos vidas: la escuela y "La Puñalada", que era "mi" café -de gente brava- y estaba a cuatro cuadras del "Café La Humedad". Pero en "La humedad" -como dice el tango- había billar y reunión, carreras y baile; en cambio en el mío se hablaba de fútbol y de burros...¡y eso era lo mío! Me fascinaba: todos eran mayores que yo, tenían pantalones largos y yo cortos, pero (con bronca todavía)...¡no te dejaban entrar los desgraciados!

—"De chiquilín los miraba de afuera...”
—Sí, eran como un misterio para mí: ellos entraban y tomaban caña "Legui",  apoyados en la barra. Y yo desde los doce años los miraba de afuera como se mira un templo, porque para entrar necesitaba la libreta de enrolamiento. Pero un día -a los diecisiete- me mandé y me llevaron en cana:  mi viejo se había puesto de acuerdo con el juez porque -como él iba- no tenía autoridad para prohibírmelo.

—¿Su padre era autoritario, como su mamá?
—-Sí, pero el más autoritario -y el que lo dominaba- era mi abuelo...¡ese sí que era una piedra! Pobre mi viejo, lo vi sólo dos veces en partidos: una, cuando yo tenía doce años y él me presentó y otra vez, después de perder con Paraguay en el '85. ¡Toda la cancha me gritaba "Bilardo compadre...!" Y él a la salida me dijo: "Por favor, hijo, no dirijas más".

—¿Cómo se relacionó con las mujeres, si no iban al café?
—No, pero es que… no me relacioné. Es que era difícil: cuando volví del primer baile mi vieja  me dio un palizón; y después fui a otros, pero yo era puro fútbol: volvía temprano para jugar.

—Pero a alguien le dio el primer beso y con alguien tuvo su despertar sexual...
—No, no..."eso" sólo con mi señora.

—Vamos, doctor...¡se casó a los treinta años!
—Sí, pero es que yo… me casé virgen

—¿Hay que creerle?
—Corre por su cuenta, pero hasta mi señora yo..¡no sentía nada!

—Y ahora, ¿qué le gusta del cuerpo de una mujer?
— La cara...ahí está la belleza.

—¿Tiene pudores con el sexo?
—Ninguno, pero sí una condición: saber esperar a la mujer y no ser grosero, no tratarla como Dios, "antes", y como el demonio -dándose vuelta- después. Salvado esto, el sexo no tiene límites para mí  ...pero –eso sí- con mi señora.

—¿Usted se ríe poco, no?
—Vea, cuando yo era chico me decían "Sonrisa" pero desde que estuve en la Selección me puse muy ansioso. Es que en aquella época tenía que andar esquivando gente mala y yo no nací para eso.

—¿Qué le hacían?
—Y...me ofrecían dinero para que jugara en un país o en otro. Pero yo no "arreglo" porque mi padre me enseñó a ser decente y a morir decente...si  casi nunca firmo contratos, porque mi palabra basta. Así que...¡asco me dan esos tipos que sólo quieren hacer negocios! Son como los que van a los velorios y esperan que entierren rápido al muerto, para correr tras la plata.

—Tanta referencia a velorios, ¿alguna muerte lo marcó?
—Sí, cuando yo tenía catorce años fui con dos amigos al río y casi nos ahogamos los tres. Y dos pudimos salir, pero al tercero -a Lito- lo encontramos al día siguiente y lo distinguimos por la mallita:. Estaba como tomando sol, pero estaba muerto.

—¿También tiene miedo a la vejez?
—No...¡a la muerte le tengo miedo y por eso duermo poco, para disfrutar! Pero con la edad  me ubico, porque cada etapa tiene una música, un color y una ropa. Y me gusta que los chicos se vistan como se les ocurra y que sean libres, pero yo no; me visto con cualquier cosa, pero que tenga que ver con mis años.

—A ver: describa su cuerpo por favor.
—No sé, yo ni me miro en el espejo pero (divertido, entra en el juego) mal no debo estar, porque a mi señora le gusto. Y cuando era jovencito estuve por hacerme la cirugía en la nariz pero al final me dejé la que tengo y con esta le meto pa'delante..bien, ¿eh?. Y viajo y recorrí el mundo pero...no conozco nada: sólo tengo flashes de cada sitio. ¿Y sabe por qué? Porque no puedo estar quieto dos minutos, así que -si no fuera por las fotos- no sabría que estuve en París y pensaría que la Torre de Eiffel está en Turquía.

—¿Por qué, adónde quiere llegar como correcaminos?
—¿Sabe? Ayer me lo pregunté por primera vez en la vida, pero no tengo la respuesta. Y tampoco sé por qué no  puedo estar dos horas mirando esa montañita, no sé por qué no puedo parar.

—¿Y nunca tiene un diálogo interno, ni conoce el silencio?
—En eso tiene razón. Tuve una sola experiencia de silencio, en el cerro Pucará -en Tilcara- (está metido  en un mundo donde sólo él cabe) y no había nada, ni pajaritos y yo gocé... yo no sabía que se podía gozar del silencio.

—¿Le gustaría volver?
—Me gustaría ir al desierto  para ver cómo es el silencio allí, pero –en realidad- me gusta más el ruido para estar con mi señora, y en el centro, y cambiar y cambiar de lugar.

—¿Para seguir en la lucha por ser el mejor?
—Sí, porque lo que más me gusta es: comer pizza y pastas, pelear para ser el mejor, mojar las facturas en el café con leche y -ahora sí- acompañar la juventud de mi hija.

Radiografía

- Nació el 16 de marzo de 1938, en  Gavilán 1685 (La Paternal). A esa casa la había construido -con sus propias manos-  su abuelo Salvador.
- Salvador era siciliano: de Mazzarino, provincia de Caltanisseta y estaba casado  con Catalina, también italiana.
- Sus padres son Calogero Bilardo (84) y María Angélica Digiano (79), ambos argentinos.
- El padre fue primero obrero aprendiz: pagaba para que le enseñaran el oficio de ebanista. Después puso una fábrica de muebles, al frente de la  cual está todavía (Carlos fue parte de esa fábrica hasta el '76) . La madre trabajó en una lavandería y después -y hasta hoy-  es ama de casa.
- Cuando tenía cinco años, su madre lo llevó a San Lorenzo de Almagro (al "Gasómetro) para que hiciera gimnasia: era muy flaquito.
- Hizo el primario en la Escuela "Avelino Herrera" de su barrio y el secundario en el colegio-escuela Bartolomé Mitre.
- A los 12 años empezó a jugar -con inscripción en la AFA- en las divisiones inferiores  de San Lorenzo.
- A los 17 años empezó a estudiar Medicina.
-  Simultáneamente, seguía con el fútbol. Debutó oficialmente en la Primera División de San Lorenzo a los 20 años; a los 23 pasó a Deportivo Español -jugó en Primera B- y siguió allí hasta 1964.
- En 1964 lo contrató Estudiantes de La Plata. Allí conoció a quien fue decisivo en su vida: Osvaldo Zubeldía, su maestro.  
- En 1966 se recibió de médico, profesión que ejerció -sin dejar el fútbol- durante diez años (hasta 1976). En ese lapso, trabajó   en Ginecología y Obstetricia (tres años) y en Unidad Hospitalaria, primero en el Sanatorio Segurola y después en el Hospital Alvear.
- El 18 de diciembre de 1968 se casó con Gloria Isabel Di Bello, en la Iglesia de San Carlos. Con ella tuvo una hija: Daniela (22).
-  En 1970  se retiró de Estudiantes -como jugador- pero enseguida se integró al cuerpo técnico de los "pincharratas". 
- En Europa ('71 y '72) conoció los centros de entrenamiento de los clubes europeos.
- En 1973 se recibió de director técnico.
- En Argentina dirigió  a Estudiantes de la Plata (1971, 1973-76, y 1982-83), a la Selección Nacional.
- Como director técnico, fue subcampeón nacional en 1975. En 1976, como D.T. del Deportivo Cali (en Colombia), consiguió llevar al club a la final de la Copa Libertadores.
- En 1982 volvió a la Argentina y salió campeón con Estudiantes de La Plata.
- En el 83 se hizo cargo de la Selección Nacional, donde estuvo hasta el final del Mundial 90 de Italia.
- Fue campeón mundial en 1986 y subcampeón en 1990.
- En 1990 empezó a dedicarse a las escuelas de fútbol y decidió alejarse para siempre de la dirección técnica.
- Entonces fundó la Escuela Internacional de Fútbol "Carlos Bilardo".
- En 1991, para que  su escuela creciera, se presentó a  licitación del Parque Jorge Newbery. Quería fundar el "Centro de Iniciación Deportiva Carlos Bilardo". Pero perdió. Entonces se  fue a España a dirigir al "Sevilla".
- Cuando volvió a la Argentina, se convirtió en asesor de la empresa Torneos y Competencias.
- También fue comentarista deportivo y participó del programa de la tele "Dos en la cancha", con Fernando Niembro.
- Tiene un hermano que se llama Jorge: fue jugador  de  fútbol y después se integró a la fábrica de la familia.
- Hizo periodismo de deportes: empezó en Canal 13. En Radio Nacional hizo el programa "La hora de Bilardo", experiencia que repitió en Sevilla, donde también -y con Maradona- hacía los comentarios de los partidos de la Selección.
- Actualmente estudia periodismo deportivo en la Escuela de los Dos Congresos.
- Vive en el barrio de Flores, con su mujer y su hija.
- Daniela tiene 22 años, estudia Derecho en la Universidad de Morón y trabaja en la Justicia.
- Desde diciembre es el director técnico de Boca.

 Identikit
- En el secundario se llevó una sola vez una materia: historia. En  Medicina sólo reprobó farmacología.
- De jovencito vendía frutas y verduras con los amigos. Los padres no  necesitaban que él ganara plata, porque tenían una buena situación económica pero él no podía estar sin trabajar.
- De adolescente le gustaban las carreras de caballos, por la ceremonia que rodea a cada una.
- En aquella época, cuando iba a bailar lo acompañaba Juan Carlos Calabró (entonces era ciclista y paraba en el "Café La Humedad"). Pero -más que para  encontrar alguna chica- él iba para escuchar a Alberto Castillo.
- Cuando era médico, estudiaba las enfermedades que sólo sufre el uno o dos por ciento de la población mundial. Nadie les daba importancia. Pero él se empecinaba: "un uno por ciento son personas", decía.
- Es creyente de la Virgen de Luján y tiene muchas cábalas, sobre todo con la ropa que usa en los partidos.
- Tiene más de cuatro mil videos de fútbol.
- No va al cine, ni al teatro y hasta hace poco creía que en Carlos Paz (Córdoba) todavía había que andar a caballo.
- A los cincuenta y ocho años, hay dos cosas que lo asombran: la computación  y la velocidad con que dan de alta a los enfermos cardíacos.
- De computación, no sabe manejar ni una agenda electrónica.
- Tine el proyecto de hacer dos programas de radio: uno de fútbol y otro para hablar de cosas de la vida.
- No le importa qué marca de reloj tiene: le interesa que marque la hora.
- Tiene un Renault '82 Fuego -que no quiere vender, porque le trajo suerte- y un Renault 21. Pero prefiere andar en taxi o en remis.
- Le gusta la naturaleza: en la quinta de dos hectáreas que tiene en Moreno, planta árboles y flores: "eso me pone bárbaro", dice.
- Hace poco recorrió Sicilia, la tierra de sus ancestros: lo recibieron como a un héroe mundial. El es de construir, ladrillo a ladrillo, como sus antepasados sicilianos: los abuelos -en Buenos Aires- caminaban todos los días cuarenta cuadras, para llevar al colegio a su papá.
- Dice: "nuestros padres construyeron este país, nosotros lo destruimos y nuestros hijos lo sufren".
- Cuando está en Sevilla o en Marbella, se siente como pez en el agua.
- Le gustan los desafíos fuertes: por eso aceptó dirigir Boca. "Quiero seis meses para armar esta 'empresa', una 'empresa' que en veinte años salió campeón dos veces", dice.
- La hija -Daniela- trabaja en la Justicia por la mañana y estudia Derecho por la tarde. Educada con los valores del padre, quiere ganar su propio dinero: y ahorra.
- Bilardo dice que no es vanidoso pero que le hace bien el reconocimiento. Que se diga: "a este árbol lo plantó Bilardo" o "a este equipo lo formó Bilardo".
- Gloria, la esposa, se ocupa de la casa y hace cursos.; hizo de cocina, de idiomas y ahora aprende a pintar jarrones.
- Cuando la conoció, salió dos años con ella. Pero sin ningún compromiso: aparecía cuando el fútbol se lo permitía. Ella nunca le pidió nada, ni le hizo reproches: "siempre fue incondicional".
- La relación empezó a oficializarse cuando él entró en la casa. Cuando se integró a la familia de Gloria,  todos veían "Cuatro hombres para Eva" en la tele.
- Dice que ama a su mujer: "el amor es querer estar con la pareja".
- No da valor a los regalos que le hacen. Y él tampoco regala, salvo a su mujer y a su hija: las lleva para que los elijan ellas mismas.
- Se tomó vacaciones dos veces en la vida: una semana en el '86 y otra en el '90.  Una vez fue a Miami y la otra Hawai, pero  no disfrutó:  extrañaba el trabajo.
- Cuando algún jugador está suspendido pero le cuenta algún problema, él lo deja salir (sin contar a nadie).
- Le gusta leer biografías de hombres que hicieron grandes cosas: de Napoleòn, por ejemplo.
- Se reconoce resultadista en el fútbol. Y dice que la importancia que se da al rating en la tele, le ratifica que importan los resultados.
- Cuenta que por salir campeones del mundo en el '86, les pagaron 30.00 dólares a cada uno.
- Define al bien como "no hacerle a la gente lo que no le gusta"; la Justicia (la de Tribunales) no lo convence, porque "si hay conducta no hace falta"; y dice que la belleza es "la cara de una mujer y las flores multicolores".
-Sostiene que a los chicos no habría que mostrarles Hiroshima ni Pearl Harbor. Le da miedo que tomen el ejemplo de lo malo, en vez de horrorizarse ante ello.
- Dice que durante el Mundial '78 no se enteró de nada. Que escuchaba las bombas pero nunca se preguntó por qué eran. No sabía que había Desaparecidos: cuando se enteró se horrorizó.
- Como un boy scout,  da charlas a todas partes: a las escuelas de Frontera en Chaco, a Laferrere, a Malargüe, a La Matanza. Cuando estuvo con los indios tobas, les llevó medias que consiguió de una fábrica: "andaban desnudos y en medias", dice.
- Cuando da charlas y/o conferencias en la Argentina, no cobra un peso. En el exterior, le pagan -sin que lo pida-  10.000 dólares por charla,  porque es el cachet que se fija afuera para esas cosas.
- No dice por cuánto firmó en Boca.
- Se considera un pésimo inversionista: quema la plata, dice.
- Al primer dinero que ganó en el fútbol, lo invirtió en la fábrica de muebles del padre. A lo que ganó entre el '77 y el '81 -en Colombia y en Argentina- lo invirtió en propiedades en Punta Mogotes. Allí tiene dos duplex, una casa y un terreno: les saca fotos todos los años. Pero se queja: le dan pérdida porque no los alquila (por si puede venderlos), así que se pasa pagando impuestos.
- También tiene una quinta en Moreno, un departamento en el centro de Mar del Plata, la casa donde vive -en Flores- y un departamento en Corrientes y Esmeralda.
- Fue una de las víctimas  "de los señores de saco y corbata de las financieras"
- Atribuye a la Medicina, el haber aprendido que "la vida nunca está perdida y que siempre hay que luchar".
- Dice que está en la vida "para la familia y para el trabajo". Y agrega: "Para que mi hija tenga un futuro y para tratar de inculcar su experiencia a las generaciones jóvenes".

Cristina Castello, en "Viva", de Clarín, 17 de marzo de 1996

lunes, 20 de mayo de 2013

Osvaldo Álvarez Guerrero: «Las máscaras del poder», por Cristina Castello

 En alguna página de este libro -el cuarto de su autoría- el doctor Osvaldo Álvarez Guerrero cuenta que en la tumba del padre de Moisés Lebensohn -Salomón-, está escrito: "cultura y libertad". En alguna otra página, indaga en el concepto de "felicidad humana".

"Cultura y libertad" y "felicidad humana", no son -explícitamente- los temas de "Las máscaras del Poder", ya que así se llama el libro. Pero "cultura y libertad", y el empeño del verdadero político en su lucha por la felicidad de los demás, son la médula de este trabajo; porque son, creo yo, el fundamento de la lucha de su autor, personalidad señera de la democracia.

El autor, Osvaldo Álvarez Guerrero, radical en el sentido profundo del término,  ex-gobernador de Río Negro y con una trayectoria política tan extensa como coherente,  es también abogado, escritor, filósofo y caballero de una vastísima cultura; además de un político -en verdad poco convencional- es un pensador y un intelectual quien, sin embargo, no tiene esa distancia con la vida que suele caracterizar a los intelectuales, y alejarlos de la vida de las personas.

"Las Máscaras del Poder", es un ensayo político, un análisis sociológico, y una visión del pasado y del presente de la Argentina, desde una valoración ética y estética.

Es también una "declaración de principios". Y es, creo yo, una enseñanza de vida. "Las Máscaras del poder", son -para Álvarez Guerrero- las que "esconden la realidad del Régimen" con la simulación y el engaño". "El Régimen -dice- es una máscara". Por eso, los "tiempos de opacidad y penumbra" en la Argentina. A partir de allí Álvarez Guerrero investigó y analizó, cómo reaccionaron los "Espíritus Inquietos" en nuestro país en épocas de opacidad y penumbra. Los espíritus inquietos son, según Álvarez Guerrero, los que -incómodos con el Régimen- "abren nuevos rumbos en la sociedad"; son "los que buscan la pureza unívoca y la armonía originaria". Son los que, con "indignación ética rechazan toda neutralidad". Son los que tienen una "inquietud ejemplarizante, docente en la teoría y en la acción".

Álvarez Guerrero toma a dos espíritus inquietos en su libro. A Moisés Lebensohn, radical, "un luchador por un socialismo democrático", un hombre que actuó con "el sentido del deber y con la serenidad de la verdad", según el autor; y a John William Cooke, peronista, agitado, y "siempre bordeando el peligro y la muerte". A partir de esos dos personajes, Álvarez Guerrero desarrolla su pensamiento. Para él, hay una "ética de las ideas" y una "ética de la acción". La ética de la acción, dice, "supone una actitud espiritual, una concepción misional, un darse hacia los demás, que otorga extraordinaria nobleza a la vocación política".

En una palabra, reivindica a la política -verdadera y trascendente- en contra de la "tecnologización de la política", que -dice-"la desvincula de los contenidos ético-sociales, que son el sustento de la democracia". Por eso, cuando habla de economía, no se queda en la mera "ingeniería social". Apunta, sobre todo, al hombre como tal, como persona humana; y se pregunta, también y por ejemplo -y me parece novedoso- de qué manera repercutieron las hiperinflaciones en la vida cotidiana, en la vida personal: en el alma de la gente.
Desde esa óptica humanista, esclarecedora -y fundamentada intelectualmente con mucha solvencia Álvarez Guerrero habla de nuestra historia y de nuestra cultura, de peronismo, de radicalismo y de los sindicatos, y repasa el origen ideológico de la democracia (¿democracia'?) argentina. También, de vela el lenguaje del Régimen: "a veces -dice- se miente con la verdad", y lo explica.

En fin, el libro es un alerta: "el Régimen siempre recrea sus máscaras, pero permanece en el poder, para conservarlo". Y termina con lo que yo interpreto, como un llamado a la resistencia para los espíritus inquietos. "La resistencia de Prometeo al suplicio cruel a que fue sometido -dice- es el símbolo del espíritu inquieto"; "éste -agrega- en su victoria y en su martirio consecuente, en su derrota -contra la que se rebela- y en su glorificación final, va cumpliendo el mito eternamente".

Yo recomiendo calurosamente "Las Máscaras del Poder". Porque da luz. Porque ratifica que hay otros caminos. Y porque cuando yo lo leí, recordé unas palabras de Rilke: "siento un enorme agradecimiento por lo que he leído". Espero que a ustedes les pase lo mismo.


Cristina Castello, publicado en revista “Generación 83” – Año 1992
Foto: Ramón Puga Lareo
 Osvaldo Álvarez Guerrero, " Las máscaras del poder/ Lebensohn - Cooke"
Tomos 1 y 2 (343 y 344)
Centro Editor de América Latina, 1992
Dr. Osvaldo Álvarez Guerrero en Wikipedia, clic AQUÍ

viernes, 16 de marzo de 2012

¿Fin del mundo, o renacimiento?, por Cristina Castello

Orphée, Odilon Redon
Cuando la música acabe
por Cristina Castello

¿Qué le han hecho a la tierra?
 ¿Qué le han hecho a nuestra bella hermana?
Devastada, saqueada, violada y golpeada
Perforada con cuchillos en su amanecer
The Doors

          Fin del mundo, apocalipsis, epílogo de una Era... expresiones para nombrar el miedo que atraviesa el corazón del mundo. Sed de petróleo, guerras, hambre, huracanes, maremotos, discriminación, guerras, deforestación, calentamiento global. Extenso sería el inventario de las ignominias perpetradas por el Hombre contra la Tierra, y contra el hombre. El planeta se estremece, nos sacude y golpea, y cada uno trata de ampararse a su manera: por la fe, la negación de la realidad, el humor o... el ridículo; algunos asisten a cursos para «hacer milagros» [sic], otros comen dentro de un ataúd, y algunos intentan volar como los pájaros.
           «Cuando la música acabe», alertó Jim Morrison («The Doors») en 1967, como una metáfora del fin del mundo. ¿Fue profético? ¿Desaparecerá? Cada vez son más las voces de notables —entre ellos, la mayoría de los republicanos estadounidenses—, que anuncian la caída de la larga etapa liderada por la superpotencia del Norte. Los ojos de la Humanidad, aun los que estuvieron sordos, ciegos y mudos, empezaron a abrirse. Sí. Vivimos el principio del final del capitalismo, la caída del Imperio Americano. 
 Por cierto que este Régimen hegemónico y unipolar que adoró al «Dios Mercado» en detrimento de los ciudadanos, no se agotará de un día para otro. El futuro de Rusia no está definido; China no piensa sino en alimentar a sus casi 1.400 millones de almas, y Europa está desorientada. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, es el Amigo americano, el mejor alumno de los USA de George W. Bush. Este monsieur que está liquidando los derechos sociales del país de los derechos humanos; el mismo que  está rematando la France como si fuera un mercadito; el que construye un Estado policíaco, se ha permitido decir que el capitalismo —el mismo con que él comulga— es el «culpable». La música es tu amigo especial / Baila sobre el fuego como te lo pide / La música es tu único amigo / Hasta el final, tañe la voz de Jim Morrison, en medio del disparate general. 
Odilon Redon
El silencio. El silencio que rasga el alma del mundoel miedo— se quiebra en dislates, a veces divertidos. En Villa Borghese (Roma), veinte personas comieron hace poco, a cincuenta metros de altura, sobre la copa de los árboles, sostenidos por una grúa: querían disfrutar del paisaje. Y a los pocos días, el alcalde de la ciudad dijo a la prensa que el fascismo no encarnaba el «mal absoluto». ¡Vaya tiramisú!
           Desde que en el «septiembre negro» empezó la crisis financiera de Wall Street y se extendió por el mundo, quedó claro que el precio no lo pagan los ricos, sino las personas del común. Recesión, suba de precios, salarios caídos, huelgas, estallidos sociales y aumento de la pobreza, son moneda cotidiana. Y continuarán. Como contrapartida, las grandes fortunas, lejos de volatilizarse, pasan de unas a otras manos; de las de Merrill Lynch a las del Bank of América, por citar uno de los casos.
           ¿Es el fin? El «septiembre negro» — más que una causa de lo que vivimos hoy— fue un disparador. Y es una consecuencia. Esta caída empezó en 1981 con Ronald Reagan y el fundamentalismo del mercado: la «Reaganomics», como se conoció su invento. El de la más despiadada plutocracia, y también el de la desvinculación de la responsabilidad del Estado para con sus ciudadanos. Durante casi treinta años, los «amos del universo» —llamados así por el escritor Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades— dirigen los destinos del planeta. Los amos, son los menos. Empalagados de riquezas materiales incalculables, deciden los destinos de los más: de los sufrientes y cada vez más excluidos de toda esperanza. El desamparo crece y se extiende sobre las generaciones, como una telaraña.
           Por otra parte, ni el centroizquierda ni la izquierda pudieron todavía articular una propuesta seria; están todavía bajo el shock de las sucesivas crisis —salvo en algunos pocos países de América Latina—, y no tienen respuestas ante al desastre.
           ¿Cuánto durará esta caída? Según la mayoría de los analistas más conservadores, entre diez y quince años, aunque más probablemente veinte. Todo depende del resultado de la puja entre los menos que quieren destruir en pro de esa oligarquía financiera; y los menos que abogan por el bien de los más: la mayoría doliente. Y aquí no caben ni pesimismo ni optimismo sino la conciencia despierta del mundo, para recordar que la responsabilidad es de todos. Porque tantas veces esos «todos» bendijeron en las urnas lo mismo que los sacrificaba en la vida, y porque es tan bello el paisaje de las ovejas en sus rebaños, como degradante que el Hombre viva para dar balidos. 
Glorificación de la música
Benjamin Constantin

Titilan las mariposas, despavoridas, ante la inminencia de lo desconocido, mientras el hombre parece una hoja en la tormenta, sin saber siquiera cómo reaccionar. «Voy a bailar el Apocalipsis», dijo frente a multitudes el bailaor sevillano Israel Galván, y su danza tradujo en imágenes esa sensación de final. Con sonidos reales de bombardeos y misiles. ¿Un anuncio? Ya Francis Coppola había hecho su «Apocalypse Now», pero el mundo siguió andando. Bueno, ¿anduvo?

La caída encantada

           Fue el escritor finlandés Arto Paasilinna quien encontró una salida armoniosa a este intríngulis universal. Escribió en 1991 El Cántico del apocalipsis alegre, traducido por ahora sólo en francés. Es una fábula gozosa que alumbra la esperanza, y nos conduce hasta 2023. Como una fantasía que alienta la imaginación, rescata la utopía y nos invita a un mundo fantástico, sin negar el pavor.
           Curiosamente, el apellido del autor —traducido a nuestra lengua—, significa «fortaleza de piedra»; y es justamente lo que Arto nos ofrece en su Cántico: un enjambre de luces sobre nuestro futuro azaroso. Pero –eso sí— nos pide el deber de resistir durante este final provisorio del mundo que él prevé en 2023... con más víctimas, fruto de los estertores del capitalismo. Por cierto que Paasilinna relata la caída del Muro de Berlín (1989) y —aunque jubiloso e irónico— profetiza lo que vivimos y viviremos.
           Con el Muro, uno de cuyos iconos más conocidos fue la «Guerra Fría», se desplomaba el sistema económico, político y social representado por la Unión Soviética, Hoy, según los especialistas más lúcidos del mundo, entre ellos Joseph Stiglitz —Premio Nobel de la Economía 2001—, la crisis de Wall Street fue al capitalismo lo que la caída del Muro al comunismo. Stiglitz, como tantas otras voces, vaticina el fin del enriquecimiento obsceno de los sectores financieros y de las multinacionales, que aún retienen el Poder.  Para revertir la situación, habrá que esperar años.
Sí, el número de hambrientos en el mundo es de 925 millones: sólo en un año, 75 millones se sumaron a los famélicos. Y aunque, por un lado y con una mirada idealizada, algunos ven en América latina una esperanza, no menos de 26 millones de sus gentes engrosarán —casi de un día para el otro— las filas de los hambrientos. La música es tu amigo especial/Baila sobre el fuego como te lo pide/La música es tu único amigo/Hasta el final, nos desafían «The Doors».

¿El ojo de Dios?

           En la frontera entre Francia y Suiza, los científicos buscan la «partícula de Dios». Inventaron un Gran Colisionador de Hadrones (LHC), para descubrir el origen del Universo. Todo está puesto en duda. «Todo lo sólido se desvanece en el aire», como escribió en el ‘88 Marshall Bergman.
           El miedo, el miedo que lacera; la sensación de ser títeres bajo la locura de los poderosos; lo desconocido y acechante incitan también al humor... negro. Enterradores ucranianos de la empresa «Eternidad» hicieron un restaurante en un espacio de veinte metros de largo. Es un ataúd —el mais grande do mundo—, decorado con féretros y cuyos platos tienen nombres relacionados con la muerte: «Nos vemos en el Paraíso», o «Ríase del infierno», por ejemplo. Otro caso: enfermo de vacío y sediento de sangre, un joven argentino mató a su papá, lo cocinó y... se lo comió.  Como contrapartida, el suizo Yves Rossi, provisto de alas equipadas con reactores sobre sus espaldas y su cuerpo como fuselaje, voló sobre los 35 kilómetros del Canal de la Mancha en diez minutos. Por gracia, también hay pájaros.
 
Crisis energética, cambio climático, calentamiento global, deforestación, discriminación, inmigrantes que buscan un lugar bajo el sol y encuentran la muerte de la mano de su hermano, el hombre; ocupaciones de países y masacres por parte del Imperio; la crisis financiera; la militarización de la América indígena; la amenaza de carencia de agua, mientras los sin conciencia la despilfarran; la medicina inaccesible para la mayoría, la falta de viviendas y de educación, las muertes por pánico…
             El hombre horrorizó a la Naturaleza y hoy estamos expuestos a su justa furia. Pero ahora, cuando lo que se juega es nada menos que el destino de todos, lo peor es la pérdida del sentido de la vida, de los valores humanos. Tomados por las urgencias y por la banalidad con que el Sistema distrae la atención de los desprevenidos o indiferentes, no vemos el caleidoscopio que —como un milagro— nos convoca con mil imágenes a dar vida a la vida.   
Odilon Redon
Hoy conocemos la realidad. ¿Qué viene después? Sólo hay presunciones. ¿Se harán ciertas las profecías mayas? Según ellas, después de sufrir no pocas desventuras, el 22 de diciembre de 2012 comenzará una nueva Era. ¿Cambiamos de paradigmas... o elegimos las sombras?
           Según Una breve historia del futuro, libro del economista y pensador francés Jacques Attali, hay tres alternativas. La primera —que todos, y aun los hechos, descartan— es la continuación del Imperio de los USA, lo que significaría el fin del mundo. Otra, igualmente grave, es el súper-conflicto que seguiría a su caída, en cuyo caso continuaría la mundialización capitalista, el caos seguiría in crescendo, mientras que la anomia internacional permitiría que nuevos grupos de depredadores —con acceso a armas de destrucción masiva— cruzaran el espacio y los mares. De cumplirse esta hipótesis, la especie humana se extinguirá.
           Otra posibilidad: la súper-democracia. Si la humanidad no quiere autoaniquilarse, el camino sería un contrato social planetario, con instancias de gobernabilidad y acciones colectivas en pro de la naturaleza. Así, podría inaugurarse la existencia, como una posibilidad humana de transitar el tiempo.
           Hoy, un nuevo mandatario fue elegido para la Casa Blanca. Pero cuidado: Bush, calificado como «el peor entre todos los presidentes de los USA», seguirá en el Poder hasta el 20 de enero. ¿Cuántas aberraciones puede cometer, si hasta hoy no se privó de ninguna?
           Y después, con el flamante electo, ¿qué? ¿Seguiremos soñando ser «libres como el viento», mientras vivimos prisioneros y amurallados por el miedo?
           ¿O quizá los pájaros nos mirarán desde su camino aéreo y desearán ser «libres como los hombres»?

Cristina Castello, en revista "Playboy" México - septiembre 2008