lunes, 20 de mayo de 2013

Osvaldo Álvarez Guerrero: «Las máscaras del poder», por Cristina Castello

 En alguna página de este libro -el cuarto de su autoría- el doctor Osvaldo Álvarez Guerrero cuenta que en la tumba del padre de Moisés Lebensohn -Salomón-, está escrito: "cultura y libertad". En alguna otra página, indaga en el concepto de "felicidad humana".

"Cultura y libertad" y "felicidad humana", no son -explícitamente- los temas de "Las máscaras del Poder", ya que así se llama el libro. Pero "cultura y libertad", y el empeño del verdadero político en su lucha por la felicidad de los demás, son la médula de este trabajo; porque son, creo yo, el fundamento de la lucha de su autor, personalidad señera de la democracia.

El autor, Osvaldo Álvarez Guerrero, radical en el sentido profundo del término,  ex-gobernador de Río Negro y con una trayectoria política tan extensa como coherente,  es también abogado, escritor, filósofo y caballero de una vastísima cultura; además de un político -en verdad poco convencional- es un pensador y un intelectual quien, sin embargo, no tiene esa distancia con la vida que suele caracterizar a los intelectuales, y alejarlos de la vida de las personas.
 
"Las Máscaras del Poder", es un ensayo político, un análisis sociológico, y una visión del pasado y del presente de la Argentina, desde una valoración ética y estética.

Es también una "declaración de principios". Y es, creo yo, una enseñanza de vida. "Las Máscaras del poder", son -para Álvarez Guerrero- las que "esconden la realidad del Régimen" con la simulación y el engaño". "El Régimen -dice- es una máscara". Por eso, los "tiempos de opacidad y penumbra" en la Argentina. A partir de allí Álvarez Guerrero investigó y analizó, cómo reaccionaron los "Espíritus Inquietos" en nuestro país en épocas de opacidad y penumbra. Los espíritus inquietos son, según Álvarez Guerrero, los que -incómodos con el Régimen- "abren nuevos rumbos en la sociedad"; son "los que buscan la pureza unívoca y la armonía originaria". Son los que, con "indignación ética rechazan toda neutralidad". Son los que tienen una "inquietud ejemplarizante, docente en la teoría y en la acción".

Álvarez Guerrero toma a dos espíritus inquietos en su libro. A Moisés Lebensohn, radical, "un luchador por un socialismo democrático", un hombre que actuó con "el sentido del deber y con la serenidad de la verdad", según el autor; y a John William Cooke, peronista, agitado, y "siempre bordeando el peligro y la muerte". A partir de esos dos personajes, Álvarez Guerrero desarrolla su pensamiento. Para él, hay una "ética de las ideas" y una "ética de la acción". La ética de la acción, dice, "supone una actitud espiritual, una concepción misional, un darse hacia los demás, que otorga extraordinaria nobleza a la vocación política".

En una palabra, reivindica a la política -verdadera y trascendente- en contra de la "tecnologización de la política", que -dice-"la desvincula de los contenidos ético-sociales, que son el sustento de la democracia". Por eso, cuando habla de economía, no se queda en la mera "ingeniería social". Apunta, sobre todo, al hombre como tal, como persona humana; y se pregunta, también y por ejemplo -y me parece novedoso- de qué manera repercutieron las hiperinflaciones en la vida cotidiana, en la vida personal: en el alma de la gente.
Desde esa óptica humanista, esclarecedora -y fundamentada intelectualmente con mucha solvencia Álvarez Guerrero habla de nuestra historia y de nuestra cultura, de peronismo, de radicalismo y de los sindicatos, y repasa el origen ideológico de la democracia (¿democracia'?) argentina. También, de vela el lenguaje del Régimen: "a veces -dice- se miente con la verdad", y lo explica.

En fin, el libro es un alerta: "el Régimen siempre recrea sus máscaras, pero permanece en el poder, para conservarlo". Y termina con lo que yo interpreto, como un llamado a la resistencia para los espíritus inquietos. "La resistencia de Prometeo al suplicio cruel a que fue sometido -dice- es el símbolo del espíritu inquieto"; "éste -agrega- en su victoria y en su martirio consecuente, en su derrota -contra la que se rebela- y en su glorificación final, va cumpliendo el mito eternamente".

Yo recomiendo calurosamente "Las Máscaras del Poder". Porque da luz. Porque ratifica que hay otros caminos. Y porque cuando yo lo leí, recordé unas palabras de Rilke: "siento un enorme agradecimiento por lo que he leído". Espero que a ustedes les pase lo mismo.


Cristina Castello, publicado en revista “Generación 83” – Año 1992
Foto: Ramón Puga Lareo
 Osvaldo Álvarez Guerrero, " Las máscaras del poder/ Lebensohn - Cooke"
Tomos 1 y 2 (343 y 344)
Centro Editor de América Latina, 1992
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