lunes, 19 de diciembre de 2016

El derecho del director teatral, por Oscar Barney Finn

Hace unos años intentamos tener una asociación de directores teatrales. Durante largos meses nos reunimos en el estudio de Alejandra Boero junto a Carlos Gandolfo, Juan Carlos Gené y Hugo Urquijo. Si bien todas éramos personalidades diferentes y, en algunos casos caracteres fuertes como Gandolfo y Gené, coincidimos en la urgencia de contar con un elemento jurídico legal para defender en principio nuestra tarea creativa. Fue alentador ver la experiencia de todos puestas en función de un objetivo común.
Se trató de llegar al resto con reuniones que no dejaron a nadie de lado, en un amplio espectro que iba de Inda Ledesma a Daniel Veronese. Pero lamentablemente no se logró y ya no están esos referentes que poseían una mística que hoy no abunda en un medio donde cada uno trata de salvarse como puede, arrasados por un desencanto profundo y lejos de rescatar la idea de una asociación para este siglo 21 tan "problemático y febril" como el de Discepolín, en donde se vive manoseado y en el mismo merengue. 
 La herencia de Ezsther,  dirigida por Barney Finn
con Thelma Biral
y Víctor Laplace
Volverá a cartelera en debut de 2017



La preservación de lo creativo no parece ser una preocupación y la falta de pautas dan luz verde para que las puestas sean saqueadas, alteradas, o manejadas con criterios que no respetan ni al autor (en algunos casos tampoco respetado por el traductor) y mucho menos al director.
Hay casos en que las obras no son una mera transcripción del texto original y abren nuevos caminos que la enriquecen. Así, nuevas situaciones son sugeridas; y del trabajo diario surgen escenas no previstas que -en muchos casos los autores, si es que acompañan el proceso del día a día-  incorporan como un hecho corriente.

Hay obras frente a las que palpé una gran libertad que me llevó a puestas más riesgosas, donde pude escapar a lo convencional como: "La Excelsa" de Juan Pablo Santilli ,"El Principe de Homburg” de von Kleist ,"Madame Mao" de Mónica Otino, la misma "Eva y Victoria" o "Vita y Virginia", donde la propia autora en Londres se sorprendió con las imágenes de Tasisto y Benedetto, que lograban una magia poco frecuente, rodeadas de los decorados de María Julia Bertotto y luces de Felix Monti. 
"El diccionario",  puesta de Barney Finn, con
Marta Lubos, Daniel Miglioranza y Roberto Mosca

Lo mismo sucedió con “Love Leters” de A. Gurney que presenté con 20 parejas y donde cada uno de esos actores aportaron distintos colores a la actuación. Pero como director, tuve que encontrarles una forma, un estilo, una síntesis, un ritmo, una forma de contacto con la platea dado que tenerlos siempre con la cabeza bajan no invitaban a la comunicación. Estos últimos años textos como “Las heridas del viento” (Juan Carlos Rubio) “Noches Romanas” (Franco D'Alessandro), “El diccionario” (Manuel Calzada) y “Poder Absoluto” (Roger Peña), fueron historias, palabras y emociones que fueron en busca de sus personajes para luego plantearme un verdadero desafío.

En todas, luego de un minucioso análisis pude diseñar espacios, que también tienen que ver con las salas en las que fueron puestas. Es en ese punto en donde la cotidianidad del ensayo va definiendo acciones y estéticas que hacen a ese sello distintivo que tiene cada director .No hay improvisación, hay estudio, planificación y resolución que define ese trabajo que debemos preservar, cuidar y defender. Es tangible en cada función pero luego es intangible hasta la nueva representación
De esto y mucho más se trataba esa hipotética institución que soñamos, porque fue un sueño de gente que había dado su vida en los escenarios que transitaron. 
Ópera El Seminarista",  dirigida por Oscar Barney Finn

Creo, que hoy estamos mucho más expuestos a esta política de mercado. Sin duda la realidad, los presupuestos, los recambios de directivos con sus "innovaciones", sus fórmulas y sus amiguismos estrechan el espacio, más las capillas y sus supuestas estéticas que en forma invisible establecen cercos. 

Ante esto el director que tiene un mundo propio ve acotado su lugar y se agota en entrevistas, reuniones, emails, teléfonos que dilatan definiciones, que deterioran y hacen que en el camino vaya dejando ideas propuestas y soluciones creativas que alimentan a mediocres funcionarios. Por eso, uno hace su propia mochila y busca su hueco.
"Poder Absoluto", dirección de Oscar Barney  Finn
con Carlos Kaspar y Paulo Brunetti

 Por esta soledad creativa a la que es expuesto el director pensamos que era bueno tener una institución donde estas cosas puedan debatirse; y saber que hay derechos inalterables que, sin embargo, no siempre son respetados. Pero claro, para conformarla hace falta paciencia, rigor y sentido de la ética. Aunque esta palabra suene exótica en estos tiempos.

19/12/2016

jueves, 17 de noviembre de 2016

Acaso la luz: «Palabras conjugadas», de Mery Sananes. Por Cristina Castello









«Un crescendo de jilgueros que no cese
hasta que regrese estampada
en el amanecer de todos los amaneceres
una palabra de amor que certifique al fin
el advenimiento de un hombre
inmensamente humano»
Mery Sananes







«Palabras conjugadas» es una interpelación a este mundo que «navega al ritmo inverso de la vida».
No es combate, ni desafío, ni invocación.
Es un verso fecundo hasta el laceramiento, un itinerario desgarrador, cuya luz –sin embargo- burla al mismo espanto al que interpela.
La luz viene de cada fibra del ser luminoso de la poeta; y de su pluma, que nos ofrece otra dimensión del lenguaje, en cada uno de cuyos vocablos se juega la existencia humana.

La espina dorsal del mundo se estremece y la mayoría, la gran mayoría, estalla como un puñado de cristales destrozados. Pero Mery Sananes conjura el horror y –en el «mejor» de los casos, la Nada- con belleza.
Cuando Mery dice «mundo», dice «palabra», su herramienta.

Se trata de destruir el mundo y construir la vida.

«En este memorial de desparpajos la palabra
es una oscura pendiente que hace mucho
perdió su sonoridad de piedra y remanso
y va hoy cargada de pólvora para desenvolver
acertijos en una lengua extraña con la que
nadie se comunica»

Poesía perdurable, con ascensos a la materia de la que está hecha la autora: el Absoluto, y descensos hacia los abismos de la humanidad.

«Qué trastocó el corazón del hombre
que los pliegues de su urdimbre
quedaron dispersos en medio de las
palabras sembradas en las cenizas
de un sitial donde el odio levantó
el estandarte de las indiferencias»

No es una antología de la desesperanza.
Todo lo contrario. «Palabras conjugadas» es la convicción de que «lo grande del hombre es más grande que el hombre» (Paul Éluard):

«Sé que el recinto del silencio
guarda las palabras que aún no se han dicho
y que es tiempo de organizar los
amaneceres para abrir las pupilas antes
de que el alba se haya ido
»



Relámpagos de sombra, certidumbre de luz.
La poesía de Mery Sananes es una comunión entre sensibilidad y conocimiento. La esencia de su Infinito la trasciende y su verbo nos sacude  para que dejemos de ser extranjeros a la vida:

«Hoy nos toca escribir el futuro desandar la
muerte y reinventar la historia que nos fue
consignada en el átomo cósmico de nuestro
nacimiento para ver si al fin algún día
en esta tierra de milagros y encantamientos
el hombre comienza a ser y a vivir»

Encaramada a su proa de luciérnagas, nuestra poeta aterra a la noche con su luz:

«Creo que el deleite de un niño tendido
sobre la hierba jugando a cazar estrellas
puede abrir una rendija por donde
la pupila descubra todo aquello
que le ha sido vedado»

Yo recomiendo vivamente «Palabras conjugadas».
«Si nos crearon para vivir en el paraíso, ¿por qué empeñarnos en vivir sobre la tierra?»  (Franz Kafka)

Cristina Castello
«Palabras conjugadas»
Ediciones cátedra Pío Tamayo
Colección / Recados del sol
Caracas, junio 2016
Portada y dibujos / Antonio Cabezas
Montaje y diagramación / Rodrigo Gómez Millán
Editor responsable / Danielita Barrolleta
96 p.

Sitio de la Poeta, AQUÍ

Adquirir el libro fuera de Venezuela, AQUÍ 

....
Urdimbre

Mery Sananes 

Qué estructura se quebró en el aire
que el ala detuvo su fragancia
de alturas y en la hondura azulada
de los océanos el pelícano doblegó su
susurro marino y la tierra silenció
sus almácigos hasta convertirse en
pozo seco sin memoria del agua
Qué ocurrió que el fuego quedó
atrapado en el instante de un
relámpago y el bosque cedió
su ingeniería tramada de verdes
al holocausto del desierto
Qué trastocó el corazón del hombre
que los pliegues de su urdimbre
quedaron dispersos en medio de las
palabras sembradas en las cenizas
de un sitial donde el odio levantó
el estandarte de las indiferencias
Qué disipó el asombro hasta trocarlo
en la búsqueda incesante de otra armonía
que deje sobre los arenales la sombra
seca del antiguo vacío de signos y verbos
Qué nos sucedió para que hoy no
nos encontremos en el vuelo que reclama
esta tierra y esta humanidad

... 



Un itinerario, una vida, una huella


Mery Sananes (Caracas, Venezuela, 1942) Licenciatura en Letras, Doctorado en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela. Docente-Investigador desde 1966. Coordinadora de la Cátedra Pío Tamayo.

Obra publicada

Palabra Uno (colectivo, Caracas: Ediciones LAM, 1964), Tiempo de guerra (Caracas: Ediciones Desorden, 1968-1974), Tierra de expedientes (Caracas: Ediciones Desorden, 1975), Walt Whitman, poeta de los tiempos que vendrán (Caracas: Ediciones Desorden, 1973), Obras rescatadas de Pío Tamayo (Tres tomos, Caracas: CPT, 0000), León Felipe: poeta de pólvora y barreno (Caracas: Expediente Editorial, 1988), Ángel eternamente flor (Caracas: CPT/CEHA/UCV, 1994), La trampa-engaño de la cultura. Aproximación a Luis Mariano Rivera (Caracas: CPT/CEHA/UCV, 2006).
- Tomado de Mediaisla- Entrevista de René Rodríguez Soriano.



Mery querida,
la vida te celebra como una plegaria a su templo
y el alba canta un aleluya en tu nombre.
Cristina Castello

domingo, 13 de noviembre de 2016

«El Diccionario», de Oscar Barney Finn: la Pasión, contra tanta Nada – por Cristina Castello

El lenguaje crea mundos, ¿qué mundos crea el lenguaje?
María Moliner toda entera

Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar
Rainer Maria Rilke

María Moliner (Marta Lubos) y su médico (Daniel Miglioranza)

Potente, lacerante por momentos; tierna y fresca hasta lo irresistible.
Terrible belleza,  belleza terrible.
«El Diccionario», una puesta de Oscar Barney Finn, con la apariencia de contar la vida de María Moliner (1900-1981). Pero no. No es solo eso sino mucho más.  En su urdimbre está la historia de la protagonista,  sí, pero también el franquismo y el silencio a que nos condenan las dictaduras; están la enfermedad y la decadencia; la pertinacia de la creación,  pero -por encima de todo- el amor a la  libertad. Y para Moliner, libertad y palabra fueron una manera de vida y  una forma de crear mundos, con el lenguaje.

«Libertad», dice María, casi al final de la pieza teatral, «facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos». 

Marta Lubos compone con maestría el personaje de esta mujer, emblema de la cultura española del siglo pasado. De María, que cosía calcetines, que tenía un marido, Fernando (papel que tan bien juega el actor Roberto Mosca)– catedrático de Fisica-;  que  tenía hijos, a uno de los cuales le preguntaron cuántos hermanos tenía, y respondió: «Dos varones, una hembra y el diccionario».
De María, bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa española, cuyo diccionario irritó a los acartonados y machistas señorones de la Real Academia Española. De María, republicana, hasta el punto de tener que envilecerse, para conservar la vida  y poder seguir creando mundos con el lenguaje. Veamos…


(María quema libros y  Fernando, su esposo, la ve; aquí son jóvenes, pues la obra va y viene, armónicamente,  de un tiempo a otro de su vida)


FERNANDO: ¿Qué estás haciendo?
MARÍA Estoy quemando libros.
FERNANDO: (los retira del fuego) ¡Miguel Hernández, Machado, Lorca! ¿Qué ha
pasado, María?
MARÍA: Tíralos al fuego.
FERNANDO: No podemos quemar los libros.
MARÍA: (Los tira.) Claro que podemos.
FERNANDO: Somos gente de bien. Tranquilízate.
MARÍA: También vendrán a por ti.
FERNANDO: Ya han venido.
MARÍA: ¡Fernando!
FERNANDO: Sí, y me han quitado la cátedra. Envidiosos. Mediocres […] Y me han dicho que los fascistas se  llaman ahora «nacionales». Y Franco, el «Generalísimo». […] (mira hacia afuera)  ¡Mira, los fascistas entran en Valencia!
MARÍA: Fernando, llama a los niños, que salgan al balcón a recibir al Generalísimo.
FERNANDO: ¿Te has vuelto loca?
MARÍA: ¡Enrique, Carmen, Pedro, Fernando, venid!
FERNANDO: No saldré al balcón a dar la bienvenida a Franco.
MARÍA: Fernando, si no sales conmigo al balcón para que nos vean todos  los vecinos, no volveré a hablarte nunca.
FERNANDO: No te reconozco.
MARÍA: ¡Sal!
 (María levanta el brazo con el saludo falangista. Fernando, abatido,  levanta también el brazo.)

lv            Había que salvar la vida... 


«El Diccionario», es lo que hoy conocemos como  «Diccionario de uso del español»: dos tomos,  indispensables. 
Como nos muestra esta pieza teatral, María Moliner empezó a hacer fichas, a mano, con palabras en  1952 y jamás pudo parar. Siempre decía que le faltaban dos años para terminarlo; y si se publicó en 1967,  fue gracias a que la editorial Gredos -que la esperaba desde 1962- se lo exigió. Entregó los dos volúmenes, pero ella siguió: metros y metros de fichas, kilómetros de palabras, para una tarea que no hubiera tenido fin, si la enfermedad y la vida, no le hubieran dicho «basta». Bella locura de la creación.

La bella locura, antes de la otra locura, de la fatal, de la que borra recuerdos y vidas; locuras e intensidades que Oscar Barney Finn dibuja con lo más refinado de su refinada pluma de director de escena.  Bendita vida, antes de su final y con restos de lucidez, pudo enterarse de que el dictador había muerto. No hay estridencias para mostrar  que amanecía la libertad; el director nos lo muestra sobria e intensamente: más que las palabras, los ojos de la protagonista, que relampaguean; y el gesto delicado, tanto que casi hay que adivinar, del neurólogo, quien descuelga un pequeño retrato del Generalísimo.

La aterosclerosis cerebral, -hoy la diagnosticarían Mal de Alzheimer. La enfermedad. Así empieza la obra, con su consulta a un neurólogo (un espléndido Daniel Miglioranza), quien le resta importancia como paciente –es casi cruel con ella- y quiere derivarla a otro colega.  Al principio, solo al principio, hasta que la descubre.
La inteligencia, la vida, la historia, las ideas de María Moliner para la Biblioteca de la República. Y –sobre todo- el Diccionario, seducen al médico, quien la atiende hasta el final.
El final de su vida: burla de la vida o de la maldita muerte, su memoria –justamente su memoria- se desvanece día a día; y finalmente, solo alcanza a recordar el mundo que su lenguaje había creado: su palabra
No puede ni siquiera acceder a la Real Academia de la Lengua, porque los señorones cuyos lenguajes crean mundos muertos, no se lo permitieron: ella era mujer y eso era demasiado. Contenta porque, así, evitaba el discurso de admisión, que le daba pánico, solo dijo: « ¿Qué podía decir yo, si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?».
La magistral dirección de Oscar Barney Finn, quien  acaba de cumplir cincuenta años de trayectoria artística, como director múltiple, hace de «El Diccionario» un espectáculo imprescindible. Los actores, figuras todas de prestigio, a la altura del director.
Por mi parte, creo que esta obra es necesaria y no sólo por esos méritos. También –y quizá sobre todo- porque es la historia de una pasión, que adquiere más valor en estos tiempos cuando la Nada amenaza con ahogar a la condición humana.

Cristina Castello
29/05/2016

FICHA TÉCNICA

Director: Oscar Barney Finn
Autor: Manuel Calzada Pérez
Actúan: Marta Lubos, Daniel Miglioranza y Roberto Mosca.
Iluminación: Leandra Rodríguez
Diseño gráfico: Leandro Correa
Producción ejecutiva: Verónica Dragui
Vestuario: Isabel Zuccheri
Diseño del espacio: Barney Finn
Asistencia de dirección: Florencia Laval
Dirección: Oscar Barney Finn
Fotografía: Sofía Gatti
Voz en off: Osmar Núñez
Diseño y realización escenográfica: Eduardo Spíndola

Funciones: viernes a las 20 hs. y domingos a las 18 hs.
Localidades: $280. / Jubilados y estudiantes universitarios (con acreditación) $ 230
El Tinglado Teatro – Mario Bravo 948 – 4863.1188




sábado, 12 de noviembre de 2016

Pía Sebastiani, cuando la muerte es una curvatura del viento

Pía Sebastiani, artista. Pìa era "la" música.
Quizá la muerte/su muerte, sea sólo una curvatura del viento...

Si soportáramos esta sed que nos agranda sin abandono*, dijo su voz en Sin Máscara. Y la sed de belleza de entrevistada, entrevistadora y público, sació y acrecentó la sed.
En diálogo,el nuestro: música, poesía y vida.
Dije “Este amor” de Jacques Prévert y la artista dijo “El claro de luna”, de Claude Debussy.
Alborozó con ella, el piano Blüthner flamante en Argentina, que busqué para sus 
manos-alas.
Belleza en estado puro.
Fue el 24/08/2000. Era mi cumpleaños.
Primero el programa "Sin Máscara"; y luego fuimos a comer a “Chelsea Loft”, que estaba en Quintana, casi Montevideo.
Con Guillermo Roux querido,Oscar Barney Finn, con Pía Sebastiani, por cierto y con otros, tan queridos;
y con algunos miembros del público (televidentes), hoy, amigos.
Se va con Pía una parte de mi vida; la misma parte de mi vida que se queda para quererla,
para celebrar el arte, a pesar de todo.
Estoy triste

acá. (menos de un minuto, en mi programa, Sin Máscara; pronto lo subiré entero)


Pía Sebastiani en "Sin Máscara", de Cristina... por chrispoesietoujours


De Pía Sebastiani a propósito de "Sin Máscara" con Cristina Castello
Música
Más del 50% de los programas en Tv son tan chabacanos o tan groseros o tan poco interesantes que no puede evitarse recurrir al "zaping" si se quiers inesperadamente dar con una película, entrevista o producción que justifique el tiempo perdido en la búsqueda.
Una noche muy tarde, cuál no sería mi gran sorpresa al escuchar nada menos que un poema junto a cuadros deliciosos y presenciar un diálogo de gran inteligencia entre alguien que yo desconocía y Graciela Borges, a quien sí conozco desde la época de Blanca de la Vega en el "Conservatorio Beethoven", mucho tiempo atrás.
Dejé un mensaje para ella en el número que se anunciaba y así fue, como, un feliz día, Cristina Castello me dio el gran gusto de llamarme. Luego nos conocimos e iniciamos una gran amistad, preparamos una emisión que en mi recuerdo es una de las experiencias más placenteras que he tenido en tres continentes en mi larga carrera de 60 años!
A raíz de su éxito esta emisión se transmitió más de 8 veces en diferentes horarios y todavía hoy, meses después, sigo recibiendo elogios para Cristina y para mí.
Sus entrevistas son exquisitas, sofisticadas, poéticas y logran sin embargo mantener milagrosamente un atractivo directo y accesible para cualquier auditor.
Enhorabuena y ojalá las autoridades televisivas y los "sponsors" den a Cristina Castello el lugar y la permanencia que merece para beneficio de un público que ansía más calidad, más sensibilidad y más seriedad.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Miriam Papaleo duerme en las pestañas de un colibrí- Por Cristina Castello

«Colores», de Miriam Papaleo,  un grito del silencio


 «El cielo, el mar, la luna»: ojos que nos miran.
Tanta luz. Infinitud. 

Porque Miriam Papaleo conoce las técnicas y las respeta, puede burlarse de ellas, privilegio de pocos artistas.
Su lenguaje, siempre sutil en su intensidad, puede ser un grito o un silencio; y es muy difícil pintar  el silencio. En «Colores»,  descubrimos el universo detrás de universos que crean las obras de Miriam Papaleo.
El lenguaje crea mundos, ¿qué mundos crea el lenguaje de sus pinceles?
Las respuestas, y los interrogantes de cada espectador -pues el arte plantea preguntas- están aquí, en estas obras.  
 «Explosión orgásmica», Miriam Papaleo
Pero, ¿quién es este ciclón/artista nuestra, Miriam Papaleo? ¿Qué es esto de que, en la mitad de su vida, aparecen sus colores y nos llevan por finitudes e infinitudes? En la mitad de su vida…
, por Gracia, en la mitad de su vida.
Y digo esto porque lo digo con Rainer Maria Rilke:
«Para escribir un solo verso, o dar una sola pincelada, (agrego yo), es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, sentir cómo vuelan los pájaros y saber del movimiento de las flores al abrirse por la mañana. Para escribir un solo verso, o dar una sola pincelada (agrego yo), es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas, en días de infancia, en mañanas al borde del mar… en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellasEs necesario tener recuerdos de muchas noches de amor; es necesario –aún- haber estado al lado de los moribundos… y  es necesario haber permanecido sentado… junto a los muertos.  Es necesario saber olvidar los recuerdos, cuando son muchos, y tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues los recuerdos mismos, no son aún recuerdos, hasta que no se convierten en nosotros mismos: sangre, mirada, gesto.
Recién entonces puede suceder que, en una hora muy rara, se eleve la primera palabra de un verso o la primera pincelada, (agrego yo)…» (1)
Miriam Papaleo, en la mitad de su vida y cuando ya vio tantos cielos y tantas  lunas,  cuando ya vio tantos ojos que se abrieron a la vida… y algunos, amados, que se cerraron para siempre.
En la mitad de su vida,
nos muestra sus pinceladas, como si hubiera  sido una seguidora aplicada, del Maestro Rilke.

Pero no.
Seguidora de nadie.   
Miriam y parte de su familia, amada. Su continente y  mucho de su contenido

Libre Miriam, con los colores que ella misma prepara con sus espátulas, salpicados, rodillos, esponjas…
Libre para pintar lo que siente y ajena a todo «ismo».
Libre, inclasificable…  tiene un arco iris en el bolsillo y, entre sus colores -y en algunos casos, bajo la apariencia de la abstracción-, se adivinan rostros humanos, miradas… huellas. 
Puede, incluso, pintar la pavura, como en «Danza de escorpiones» o «En la puerta del infierno», y puede con ellos atreverse al negro –al negro, la ausencia de todo color-  y poblarlo de luz.
Acechada por su necesidad de equilibrio, Miriam, siempre.
«Explosión orgásmica» y «Destellos» -obras que recomiendo mirar de cerca y atentamente- , son un haz de tinieblas luminosas surgidas de sus manos; quizás un ansia de Absoluto, sólo quizá… ¿ansia consciente o no?
Con Andrea Barbieri,
 directora de
  Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación
No lo sé, pero unas palabras del artista Eduardo Bendersky me responden: «el arte –me dijo alguna vez en alguna entrevista periodística- se manifiesta a través de sus propias metáforas, busca las causas primeras, distingue lo real de lo ficticio, y encuentra su sentido en lo invisible».
Habitada por la luna, Miriam.  «Luna llena en el bosque», por ejemplo, trabajo donde moran seres metafóricos, sólo visibles con una honda mirada interior. 

Y el misterio…
Sin misterio no hay arte. 
El misterio en todas sus obras, pero sobre todo, en esa obra: «El cielo, el mar, la luna» (ver foto arriba).
Esa luna navegante que nos alumbra, ahora y aquí. A todos.
Esa luna que son ojos, los ojos más puros que nos miran.
Ojos, luna, Miriam: el misterio.
El misterio, «la única certidumbre», según Paul Gauguin,
Y basta de palabras, cierro esta página, para que las miradas se multipliquen en ustedes; para ver esta obra, esta desnuda y muy potente levedad que unge la vida. Gracias Miriam, bellísima durmiente en las pestañas de un colibrí.

Cristina Castello  - 11/10/2016
Yo, Cristina Castello, en el momento de presentar la Expo

(La exposición –organizada por la Dirección de Cultura de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación se inauguró el 7 de octubre de 2016. Lo anterior, son algunas de mis palabras, cuando presenté la exposición)




(1) (Traducción/versión libre que hice del francés, a partir de un fragmento Rainer M. Rilke, en «Los cuadernos de Malte de Laurids Brigge »).


La obra de Miriam Papaleo: un desafío a estar despiertos, según mis ojos ven
Pequeño vídeo de la muestra, clic AQUÍ

La muestra está abierta al público hasta el 14 de octubre de 2016
Fotos: Graciela Bordón y André Chenet.